jueves, 11 de diciembre de 2014

Nadie dijo que fuera fácil, pero te aseguro que será gratificante

Al momento de escribir estas líneas estoy leyendo dos libros de fotografía. Uno ya lo he leído y estoy releyendo, pues me gustó mucho. Sin embargo el otro estoy ahora por la mitad, gustándolo, y que próximamente analizaré en la web de AF.



Se trata de Fotografía de aventura y en extremas condiciones, de Kris Ubach y Roberto Iván Cano. El libro lo englobo en la categoría de libro de fotografías, pues se basa en fotografías de sus viajes y la explicación de cómo fue la toma de cada fotografía.

Realmente nunca pensé que este tipo de libros me gustarían, pero tras leer El arte de la fotografía digital, de David DuChemin (uno de mis favoritos) empecé a querer leer más de estos libros. El que ahora leo lo cogí con desgana cuando llegó a mis manos. Realmente no hubo feeling. 4 o 5 meses después lo tengo en las manos y arrepentido de haber tardado tanto.

Pero vamos al grano, que es lo que importa. En el libro se narran las aventuras que han tenido que pasar estos jóvenes fotógrafos para capturar algunas grandes imágenes. Una que me chocó mucho le ocurrió en Islandia. Fueron a fotografiar una zona de costa y un timelapser que estuvo por la mañana les avisó de que las olas iban crecidas y que le mojaron entero. El autor (no se a quien de los dos) cuenta que, confiado al ver las olas bajas, se puso cerca de la playa, mientras que su acompañante mas arriba, en previsión.

Total que están haciendo la foto, de larga exposición y la ola empieza a crecer. Aguanta... aguanta... que se haga la foto (con 1 minuto de exposición) y ve la ola grande que está a punto de llegarle. Como puede agarra el trípode y lo levanta por encima de su cabeza. La ola le golpea calándole hasta los huesos y mojando hasta la propia cámara. Finalmente tiene la foto (justo faltaban dos o tres segundos para que acabara la exposición), pero también un buen chapuzón bajo cero.

Con esto quiero ilustrar que, a veces, para las mejores fotografías hay que correr riesgos. En su caso pudo ser evitable. Su compañero se puso más elevado y no se mojó. Tiene la foto. Pero, ¿Es igual? Para nada. El que se mojó comenta que prefirió arriesgarse pues así podía poner la playa de cantos rodaos en primer plano, para dejar el acantilado en segundo. Si sabes algo de composición sabrás de la importancia de tener algo en primer plano. Así que su "riesgo" estaba justificado.

En otras ocasiones para llegar al lugar donde hicieron la fotografía tuvieron que caminar muchos kilómetros bajo intensa lluvia, también estando a baja temperatura y con grandes ráfagas de viento. O cuando fueron a la antártida a fotografiar pingüinos que tuvieron que acercarse a ellos arrastrándose por encima de mierda y hielo.

No, fotografiar no siempre es tan sencillo como traer a alguien a tu estudio, decirle que se ponga ahí y disparar. Disparar en muchas ocasiones requiere coraje, un coraje que un servidor anda buscando aún.

Fotografía de Daniel Sebastián

Hace un par de días fui al hospital a visitar al médico y, a la salida, estaba esperando el coche que me llevaría a casa. Mientras, en unas escaleras, vi a un hombre triste, sucio y que se colocó en posición fetal para llorar. Como fotógrafo sé que esa imagen era una mina. No de dinero, no de fama, no de... sino una mina de emoción. La quería hacer. Necesitaba hacerla.

Tenía la cámara en la mochila. Era fácil, sólo sacarla y disparar. Hasta podía moverme a una zona un poco alejada de miradas. Pero... no tuve valor y saqué el iPhone. Puse la cámara y lo cogí de modo que dejara el objetivo despejado y pudiera disparar con el botón de volumen. Hice como 20 o 30 disparos a ciegas y recé que alguno sirviera.

Sí, conseguí uno que sirvió, MUY lejano del que habría logrado con la cámara. Me arrepentí de ello. Me eché la bronca (y mi buen amigo también). Otra aquello me habría llevado a pensar que no valgo para nada, que doy pena como fotógrafo. Lo cierto es que me dio por pensarlo. Pero me he decidido que esta vez no voy a hundirme de nuevo. Tengo que ser fuerte. Esa imagen ha pasado para siempre. Nunca volverá. Ahora toca aprender del error, aprender a tener valor para la próxima ocasión.

¿Ves como hace falta valor? No sólo para ir al polo norte a fotografiar pingüinos, también para hacer fotos en tu barrio. Y creéme si te digo que incluso en fotografía de estudio, pues algunas personas necesitan dosis de valor... y paciencia.

Ahora quiero decirte que no te asustes. No pienses que estás en la guerra frente a dos escuadrones de enemigos tu sólo. O piénsalo si quieres, pero vamos, que no está tan negro. En mi caso soy un "vergonzoso" y "cagao". Eso no significa que tú lo seas. Seguro que confías más en ti que yo. También piensa que de hoy a mañana es poco probable que te destinen a Ucrania, Afganistan o Turkmenistan (por decir otro sitio) donde haya guerrillas, armas y riesgo de morir. Y si se da el caso de que vas, un abrazo compañero. Con suerte harás una foto que te haga ganar un premio, una portada o te llene por dentro. Como sea gracias por ir por mi.

Y es que cuando logras la fotografía pese al riesgo te sientes vivo, te sientes bien por dentro contigo mismo. Sabes que tienes algo grande. Para algunas personas sus mejores fotografías son las que menos gustan de su galería. ¿Importa acaso que te guste a ti si a mi me enamora?

Bueno, os dejo que voy a ver si trabajo mi valor y confianza en mi mismo, que nunca está de más.

Un abrazo.

P.D.: Os lo digo en serio. Este maldito libro está logrando que me muera por ir a conocer en persona "La tierra del hielo", Islandia (Iceland). Lo cierto es que viendo las fotografías y el vídeo a continuación (de Roberto Iván Cano, entre otros) me recuerda mucho en paisaje a Nueva Zelanda, otro de los lugares que hace muuuuuuuucho quiero visitar. Sólo que este parece más frío jajaja.


Roberto Iván Cano | http://www.robertoivancano.com/es

Kris Ubach | http://krisubach.wix.com/krisubach

David DuChemin | http://davidduchemin.com/

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